Más de la mitad de las mujeres encuestadas en Bogotá aseguró haber vivido acoso sexual callejero. Las calles y el transporte público aparecen entre los principales escenarios.

Lo que durante generaciones fue presentado por algunos como una expresión de admiración o un “simple piropo”, hoy genera un debate cada vez más profundo sobre los límites entre un cumplido y una conducta que puede resultar invasiva, intimidante o sexualmente incómoda.

Los resultados de la Encuesta de Acoso Sexual Callejero 2025 de la Veeduría Distrital ponen nuevamente el tema sobre la mesa. La medición, realizada entre junio y septiembre de 2025 con más de 4.000 personas, encontró que el 51,6 % de las mujeres consultadas manifestó haber vivido al menos una situación de acoso sexual callejero entre junio de 2024 y junio de 2025. Entre los hombres la cifra fue de 15,8 %, mientras que entre personas de otras identidades de género llegó al 56,9 %. 

¿Cuándo deja de ser un piropo?

La discusión no necesariamente gira alrededor de si está permitido decirle a alguien que se ve bien. El punto central está en el consentimiento, el contexto y la manera en que se realiza la expresión.

Un cumplido puede ser recibido de manera positiva cuando existe respeto y no invade a la otra persona. Sin embargo, comentarios sexualizados sobre el cuerpo, expresiones obscenas, silbidos, sonidos sexuales, gestos morbosos o insistencias no deseadas pueden convertirse en conductas de acoso.

Y precisamente esas son algunas de las situaciones que aparecen con mayor frecuencia en la encuesta.

Entre las mujeres que reportaron haber sufrido acoso, el 87,6 % mencionó miradas o gestos morbosos; el 78,9 %, silbidos, besos al aire o sonidos sexuales; el 72,1 %, comentarios sobre su aspecto físico, y el 67,1 %, palabras obscenas

Es decir, la discusión ya no se limita a la frase pronunciada. También incluye gestos, sonidos y comportamientos que pueden hacer que una persona se sienta observada, sexualizada o intimidada.

Bogotá: calles y transporte, entre los escenarios de mayor preocupación

El problema no ocurre únicamente durante la noche.

Según los resultados, el 83,1 % de las mujeres manifestó sentirse vulnerable o insegura en calles y espacios públicos, mientras que el 71,7 % dijo sentirse insegura o muy insegura en el transporte público. 

Cuando se preguntó por los lugares donde efectivamente se presentan estas situaciones, las mujeres señalaron principalmente la calle, con 82,9 %, seguida de los buses del sistema de transporte público y TransMilenio, con 72,3 %

Las calles oscuras fueron identificadas como uno de los espacios que generan mayor temor, con un 94,6 % entre las mujeres encuestadas. También aparecen los lotes baldíos, las zonas de basura y las áreas de construcción. 

El miedo también está cambiando la manera de vivir la ciudad

Uno de los datos más contundentes del estudio es que el 95,4 % de las mujeres manifestó sentir miedo de ser víctima de acoso sexual callejero siempre o algunas veces.

La cifra contrasta con el 37,6 % registrado entre los hombres y el 92,3 % entre personas de otras identidades de género. 

Para muchas mujeres, por lo tanto, el problema no consiste únicamente en lo que ya ocurrió, sino también en la posibilidad de que ocurra mientras caminan por una calle, esperan un bus o utilizan el transporte público.

La Veeduría Distrital ha señalado que los horarios en los que más se reportan estas situaciones son la tarde, con 75,4 %, y la mañana, con 61,3 %, lo que evidencia una relación con los desplazamientos cotidianos hacia el trabajo, los centros educativos y otras actividades. 

Un problema adicional: muchas víctimas no saben dónde denunciar

La encuesta también encontró una dificultad que puede impedir que estas conductas sean reportadas.

El 73 % de las mujeres encuestadas aseguró no saber dónde denunciar un caso de acoso sexual callejero. Apenas el 27 % manifestó conocer los mecanismos disponibles. Además, solo el 8,3 % de las mujeres consultadas afirmó haber denunciado formalmente una situación de este tipo. 

La falta de conocimiento sobre las rutas de atención puede contribuir a que muchos casos permanezcan en silencio y a que algunas conductas terminen normalizándose.

Los tiempos cambiaron

La expresión “en mis tiempos eso era un piropo” resume una discusión generacional que cada vez adquiere mayor importancia.

Las sociedades cambian y también lo hacen las formas de entender el respeto, la privacidad y los límites personales.

Lo que para una persona puede parecer una expresión inocente, para otra puede resultar invasivo. Por eso, más que establecer una prohibición general sobre los cumplidos, el debate está en aprender a reconocer cuándo una expresión deja de ser un halago y comienza a vulnerar la tranquilidad o dignidad de otra persona.

La clave está en entender que no todo comentario sobre la apariencia es necesariamente acoso, pero tampoco todo comportamiento que durante años fue socialmente tolerado debe seguir considerándose normal.